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lunes, 23 de abril de 2012

La desconfianza


¿Por qué hubo un cuarenta y pico por ciento de los electores argentinos que no la votaron a Cristina? ¿Por qué habrán actuado así?

Pienso que por muchos motivos. Algunos esperables. Sabíamos, intuíamos que algunos de esos electores jamás votaron ni votarán a un candidato peronista. Desde un punto de vista político, los peronistas sabemos (supongo) que intentar lograr de ellos un cambio de opinión es perder el tiempo. Esta no es una actitud despectiva. Se trata solo de reconocer un hecho y economizar tiempo y esfuerzos.

Otro grupo de los electores no peronistas ha votado, en otras circunstancias y momentos, por candidatos peronistas. No tomo como ejemplo de estas decisiones a la elección ganada por Perón a su regreso a la Argentina. Las circunstancias eran tan extremas que una mayoría excepcional decidió que lo único que se podía hacer era votarlo a Perón. Y me atrevería a decir que la mayoría de quienes lo votaron, lo hicieron con esperanza. No todos con la misma esperanza, pero sí con una esperanza, con una cierta confianza en que él iba a arreglar las cosas. Cosas que no para todos eran las mismas, pero todos tenían en su mente cosas que esperaban que Perón arreglara.

Las dos elecciones ganadas por Menem fueron diferentes. En la primera, la desilusión respecto del gobierno de Alfonsín facilitó el triunfo, y los juegos mágicos de la convertibilidad permitieron llegar al final de los 6 años. Tanto fue así que de la Rúa no se cansó de asegurar que la convertibilidad no la iba a tocar, y de ese modo logró que hasta algunos peronistas lo votaran. Cuántos no lo sé, pero que los hubo, los hubo.

Después vino el 2001. El tren de la historia descarriló muy mal y pasó todo lo que recordamos y aún comentamos, debatimos y, en la medida de nuestras fuerzas, conocimientos e ignorancias, tratamos de explicar. Como mis fuerzas y conocimientos son pocos y mis ignorancias muchas, voy a ocuparme aquí solo de un sentimiento que desde hace tiempo forma parte de las costumbres de los argentinos pero que, me parece, está en proceso de crecimiento. O, para decirlo en palabras fáciles, empieza a ser una moda.

Hablo de la desconfianza. Y la clasifico como sentimiento, porque el desconfiado no confía, no cree, primero rechaza y después justifica su rechazo. La confianza depende del amor. Primero se ama y luego se confía. Primero se cree o no se cree. Después se ama o no se ama. Lo demás son juegos intelectuales que vienen a continuación de los sentimientos. Otra cosa es el análisis desapasionado, desprejuiciado, un ejercicio intelectual que puede terminar en apoyo o rechazo, y luego en amor o en odio.

No es fácil ese análisis, porque todos tenemos nuestros sentimientos y, aún los más cerebrales, ideas que les apasionan y que vienen de territorios de la mente difíciles de explorar y cartografiar.

Y por el lado del sentimiento se cuelan muchos pensamientos. Así es como se aceptan o rechazan modelos sociales, imágenes propias y ajenas, formas de comportamiento.

Por ejemplo, según los lugares, los grupos, los sectores, ser un entusiasta propulsor de una idea puede proyectar una imagen de credulidad poco inteligente, mientras que el que proclama “a mí no me la van a contar, son todos iguales, todos mienten” puede llamar la atención como un crítico experimentado. Y más allá de la respuesta social que se obtenga, según como sea la historia personal de cada uno, puede suceder que un apoyo muy firme a una posición o un línea argumental lleve al protagonista a sentimientos de inseguridad que no aparecen cuando se coloca en un nivel que él siente superior, de crítica intransigente que lo pone a salvo de sus inseguridades.

Todo esto, a nivel de las relaciones personales, puede no tener demasiada trascendencia. Cuando se difunde y contamina, o es aprovechado en la polémica política, puede llegar a ser peligroso. Estimular el principio de desconfianza no es difícil. Es muy fácil lanzar a rodar una maledicencia. Lo más efectivo son los comentarios de corrupción, de favoritismo, de protección por intereses políticos. Los chismes sexuales ya están desgastados por los cambios de las costumbres. Delitos mayores se hacen más difíciles de creer. Pero por ejemplo una coima, un favoritismo… nadie está a salvo de una sospecha de este tipo.

¿Por qué puede ser tan dañina esta marea negra de la desconfianza?

Porque la desconfianza desmoviliza. Porque una sociedad desmovilizada se disgrega más fácilmente, y una sociedad disgregada se desorganiza.

Y una sociedad, un pueblo desorganizado es más fácil de dominar.


Jorge Oscar Marticorena







domingo, 15 de abril de 2012

La Toxicidad Política del Cianuro


Por Jorge Oscar Marticorena


La Toxicidad Política del Cianuro
Jorge Oscar Marticorena


Debo confesar que la idea de atribuirle al cianuro un efecto tóxico sobre la política me pareció intuitivamente interesante, y desde ya original. El problema fue que el intento de desarrollarla hizo que entrara en un laberinto de senderos que se bifurcan y llevan a demasiadas cuestiones como para tratar en una nota que pretendo breve .

Empezando por el principio, que no es mala costumbre, diré que el título quiere decir que el tema ha envenenado la discusión política con conceptos vagos, imprecisos o directamente erróneos, carencia de información sólida y confiable, exceso de información frágil y desconfiable, y diversos tipos de prejuicios y actitudes soberbias o sectarias. Debo reconocer, antes que algún crítico benevolente me lo diga, que este envenenamiento de la discusión política que describo se produce con tanta frecuencia que casi admitiría que es un fenómeno normal.

Me referiré primero a algunos de estos prejuicios.

· El prejuicio anti científico que nace de una desconfianza en el saber científico.

· El prejuicio tecnocrático que aparece a partir de una confianza muy acentuada en la solución tecnológica de los problemas, y en una desconfianza, que llega al desprecio, a las objeciones que se plantean desde ambientes no tecnológicos.

· El prejuicio anti empresario, basado en la larga y cierta experiencia del muy bajo interés real de muchos grandes empresarios por las consecuencias sociales del funcionamiento de sus empresas.

Amplío un poco los conceptos, que en realidad se refieren a situaciones muy complejas que merecen análisis mucho más profundos.

· La desconfianza en la ciencia

Pienso que, en la sociedad actual, el conocimiento científico podría calificarse de esotérico, no porque sea un conocimiento oculto y reservado para un grupo selecto de iniciados, sino porque la comprensión de esas ideas requiere de la capacidad de manejar un conjunto bastante importante de conocimientos previos, sin los cuales solo es posible llegar a poseer un esquema superficial de cualquier ciencia actual. Por ejemplo, la comprensión de cualquier teoría o cualquier trabajo de investigación de los que se publican en las revistas especializadas es entre imposible o extremadamente difícil si no se posee una base sólida de conocimientos en matemática, física, química y según los casos, también en biología, sociología, economía e historia. Más una ración prudente de filosofía y psicología como para entender algo de esta humanidad a la que pertenecemos. Para una persona normal, en nuestra actual organización del sistema educativo, esto implica un trayecto de una decena de años una vez egresado de la escuela primaria. Es posible que este trayecto pueda acelerarse, pero de cualquier modo hacen falta años para comprender nuevos lenguajes, para asimilar nuevas formas de pensar y de expresarse.

Si no, no se entiende nada, a menos que uno se encuentre con un buen traductor que le sepa decodificar la información a su nivel de capacidad de comprensión. Lo que se conoce como un divulgador. Pero los buenos divulgadores son especímenes muy raros. Y siempre está presente esa vieja y muy sabia advertencia de que el traductor es, a fin de cuentas, un traidor.

No es extraño que el lego, en medio de uno de esos cónclaves de especialistas que discuten algún tema que él sospecha importante para su vida o su bienestar, se sienta aislado e inseguro, y desconfíe. Y si el tema viene ya alhajado con la presencia de venenos mortales, aguas definitivamente contaminadas, y transformaciones ciclópeas de su territorio, no es para asombrarse que diga NO.

· El tecnócrata que se las sabe todas

Cuando necesito decir a qué me dedico, digo que soy un tecnólogo. Esto es verdad, pero dista mucho de ser toda la verdad. Uso esa definición para ahorrarme, y ahorrarle a quien me escucha, la historia de mi vida. En diversos momentos me he dedicado a cosas que tienen que ver con la tecnología. Pero lo que definitivamente no soy, es un tecnócrata. No me interesa, es más, estoy en contra de usar el poder que puede dar la tecnología, o de ejercer el poder a través de recursos científicos o tecnológicos. Creo que esa es una pretensión profundamente antidemocrática y antipopular, que nace de una soberbia elitista, y que ha provocado desastres a lo largo de toda la historia del hombre.

Nadie se las sabe todas. Un tecnólogo puede conocer mucho de una o varias tecnologías, pero hoy no existe el tecnólogo universal. Cualquier proyecto tecnológico debe reunir un conjunto de especialistas, más uno o unos pocos generalistas que pueden entenderlos a todos y ocuparse de la dirección general. Y es por eso, además, que las leyes exigen que cualquier proyecto, y sobre todo si es física o económicamente importante, debe cumplir con instancias de revisión y control periódico, para reducir al mínimo los riesgos que esa actividad genera. Y una de esas instancias son las reuniones con las comunidades a las cuales el proyecto puede afectar, para analizarlo y ponerse de acuerdo en la identificación de los riesgos y la forma en que serán evitados.

· La empresa buena y la empresa mala.

Una empresa es una organización de la sociedad civil cuyo objetivo es siempre producir algún bien u ofrecer un servicio para obtener una retribución económica. Hay empresas que esto lo hacen bien, produciendo bienes y prestando servicios de buena calidad, y otras que lo hacen mal, por los motivos que fueren. En general, las primeras empresas se clasifican como buenas, y las otras como malas, y tanto unas como las otras, analizadas en función de sus relaciones con sus empleados, el medio social en el cual actúan, el ambiente natural en que se insertan o las autoridades que las controlan y supervisan, pueden merecer todo tipo de calificaciones, desde las peores a las mejores. Y otro tanto se puede decir de los empresarios que las poseen o las dirigen. Con lo cual si, es verdad, hay y ha habido empresas y empresarios capaces, honestos, responsables de sus deberes sociales, y otros que, cuando la situación se puso incomoda, se subieron al bote en mitad de la noche y se fueron a su rincón en las Bahamas.

En resumen, parafraseando el famoso dicho de Perón, las empresas, y los empresarios, pueden ser buenos, pero si se los vigila son mejores.

· El oro y el cianuro.

Y aquí llegamos al tema. Para empezar, quiero ofrecer información concreta. Números. El precio del oro ha trepado más o menos hasta los 1.650.- dólares la onza. Una onza son unos 31 g, y 31 g de oro puro ocupan un volumen de unos 1,6 cm3, o sea un cubito de 1 cm por 1cm de base por 1,6 cm de alto. Si tiene una regla a mano, haga el gesto con los dedos en el aire, de 1 por 1 por 1,6 centímetros. En oro, eso son unos 1.650.- dólares. Con lo que un Kg de oro, que es una cantidad bastante manuable, tiene el interesante valor de de 53.050 dólares.

Las reservas de oro de las que se habla en Argentina en los yacimientos en explotación, o con trabajos preliminares a su entrada de explotación, suman millones de onzas, y no son unos pocos millones. Dejo al lector el trabajo de hacer los cálculos y de imaginar lo que se podría hacer con esos montos. Pero para llegar a disponer de esa riqueza falta recorrer todo el camino que va desde la exploración y la certificación de las reservas del yacimiento hasta el proceso, nada sencillo, de extracción del mineral y los tratamientos necesarios para llevarlo a condiciones que permitan su embarque y su venta.

Hasta aquí, pienso, todo puede parecer claro. Pero no lo es en absoluto, y no precisamente por razones científicas o técnicas. La química del oro y sus compuestos se conoce desde hace más de un siglo. La tecnología de la obtención del oro metálico, en lo esencial, es mucho más antigua. Ha habido cambios, desarrollos, motivados fundamentalmente por la necesidad, y el deseo, de obtener más oro de todas las formas posibles. Y esos desarrollos han tenido éxito.

¿Cómo, me puede preguntar alguien, porqué entonces el precio del oro ha aumentado tanto? No aumenta porque la obtención sea tanto más cara. Aumenta porque hay mayor demanda. Por qué hay mayor demanda, me preguntarán. El oro por circunstancias sociales se ha convertido en “Reserva de Valor” y eso lo hace apetecible por todo el que pueda acceder a él. Eso le da el valor. Intrínsecamente no lo tiene, casi no sirve para nada práctico. .

Mencioné la necesidad y el deseo de obtener más oro. En realidad hay un deseo que genera una necesidad.

Ese deseo tiene un nombre clásico: codicia.

Y la codicia, uno de los 7 pecados capitales, ¿recuerdan?, genera la necesidad.

Las empresas se organizan para ganar plata. En el sistema capitalista ganar plata no está mal visto, muy por el contrario. Y en las organizaciones pre capitalistas de Europa tampoco estaba mal visto ganar y poseer riquezas. Al mismo tiempo, hoy y antes aún más, esas sociedades se consideraban cristianas. Las bienaventuranzas que proclamó Jesús eran, y aún son para muchos de ellos, un detalle menor que se arregla con las limosnas, personales o a través de las instituciones apropiadas.

Este es un tema moral (o ético) que suele provocar discusiones y confusiones. Abusando quizá de la paciencia del lector, le recuerdo que la definición de los pecados aparece en el Antiguo Testamento, libro básico de la religión hebrea, que es tomado como referencia tanto por el cristianismo como por el islamismo. De este modo, las tres religiones monoteístas más importantes, que de un modo u otro son referencia para buena parte de la humanidad, consideran pecaminosa la codicia. Sin embargo, en los hechos, la mayor parte de las más grandes fortunas del mundo pertenecen y han pertenecido a gentes que, al menos culturalmente, reconocerían que su ética o su moral tienen raíces que se nutren de ese libro, el Libro. No voy a entrar en el tema de cómo cada potentado, cada comunidad religiosa o cada líder religioso se las arregla para convivir con estas raíces. También ocuparía muchas páginas y no tengo la preparación para afrontar semejante tarea. Pero que se las arreglan, se las arreglan.

Por un montón de razones técnico económicas, hoy el método más barato para obtener oro de la pureza requerida por el mercado es la minería a cielo abierto con el uso de una solución de cianuro de potasio que disuelve selectivamente el oro. Hay otros métodos, pero son más caros. Y cualquier empresa, cuando tiene que elegir un método para hacer algo, elige el más barato.

Anuncio que aquí voy a cambiar el centro de atención de este ensayo. Dejo a las empresas con sus intereses y sus problemas, y me traslado a la sociedad en que actúan.

Cuando nos hablan de más barato habría que contestar con tres preguntas. ¿Más barato que qué? ¿Más barato que cuánto? ¿Más barato en qué condiciones, para producir qué?

Si por uno de esos azares de la vida, que espero no se produzca, me tocara intervenir en la evaluación de uno de estos proyectos, una vez leídos todos los pliegos descriptivos de las procesos técnicos y las condiciones económicas, estas serían algunas de las primeras preguntas que haría, y esperaría un respuesta muy detallada y bien fundamentada.

Por ejemplo, la explotación a cielo abierto permite aprovechar yacimientos de una concentración menor () que los explotables con la técnica tradicional de las galerías que siguen las vetas de mineral, correspondería que explicaran de qué manera van a llenar el gigantesco agujero que producen y reacondicionar el terreno. Y exigiría que en el contrato de concesión figure un compromiso legal muy fuerte y detallado acerca de los programas de protección ambiental a desarrollar durante la explotación, y de los compromisos legales de remediación ambiental a aplicarse al cierre del yacimiento. Programa de remediación que debería abarcar el tratamiento final de todos los residuos dejados por la explotación. Sería interesante ver si la tecnología a cielo abierto sigue siendo competitiva en estas condiciones. Es posible que sí, pero seguramente las ganancias de las empresas sean menores, con lo cual habría que volver a visitar el concepto de la codicia.

Dije antes que pretendo aportar información concreta, no solo generalidades.

Uno de los temores más importantes, que está en el origen de estos debates, es la toxicidad de los cianuros. El nombre cianuro puede incluir una variedad de sustancias, pero no importa, dejo de lado la química, que es mi profesión, y hablaré solo de los cianuros, comparando su toxicidad con las de otros venenos que existen y se utilizan industrial o cotidianamente. Resulta que los cianuros no son los peores. En la tabla que adjunto (1) se ve que, además de los peores, hay otros que, aún siendo menos tóxicos, si se manejan desaprensivamente, enferman y matan.

Quiero cerrar el ensayo enunciando dos problemas de carácter económico, legal y político muy poco mencionados hasta ahora.

En general, las mineras establecidas o por establecerse en el país no exportan oro puro. En el mejor de los casos, lo que envían al exterior es una aleación de oro llamada metal doré. El pago de regalías por parte del estado, así como el cobro de impuestos, se hace en base a declaraciones juradas de las empresas. El problema es que no hay ningún control, por parte del estado, de la composición de ese metal dorado, porque los contratos no lo prevén. Y para peor, muchos de estos yacimientos contienen sustancias tanto o más valiosas que el oro. Es más frecuente que lo que se exporta sea un concentrado del mineral, donde es muy posible que vayan, un poco mejor escondidos, esos metales de aplicación en productos de alta tecnología cuyo valor es cada vez mayor.

· Síntesis final.

No puedo terminar estos párrafos sin agregar que todas estas preocupaciones y discusiones sobre el impacto ambiental y los riesgos para los trabajadores y el público dejan en la sombra la existencia de una política depredatoria que empieza con la violencia de la colonización española, y que luego de la decadencia del Imperio Español es continuada, con métodos que se van adaptando a los tiempos, por el Imperio Británico, los Estados Unidos y la Unión Europea.

Un ejemplo paradigmático de este método es el caso del petróleo en los países del Golfo. El petróleo extraído por las empresas norteamericanas y europeas es exportado con el proceso mínimo necesario para el embarque. El valor agregado se genera en Europa o Norteamérica, donde se lo convierte en combustibles mucho más sofisticados.

El caso argentino es similar. En los saladeros a orillas del Riachuelo se implementó el primer tratamiento de la carne. Al desarrollarse la refrigeración industrial, de los mataderos de Liniers salían los cortes ya congelados para embarcar. Con los productos agrícolas pasaba y sigue pasando prácticamente lo mismo. La cadena de valor llegaba hasta las estaciones de los ferrocarriles ingleses. Fue en los primeros gobiernos de Perón que se organizó una flota de transporte y se empezaron a construir los primeros barcos cargueros en un astillero nacional, alargando el tramo argentino de esa cadena. Las fábricas de material ferroviario de Córdoba también contribuyeron a estos esfuerzos de independencia económica. Pero esta, como decía Kipling, es otra historia, pero no del todo...


(1)  Límites de concentración en el agua de uso humano establecidos por Ley
Algunos límites de concentración de contaminantes para agua de consumo humano según ley argentina, Ley 24.051 de Enero 8 de 1992 y Decreto Nº 831 de 1993, expresados en  micro g (millonésimas de gramo) por litro de agua.                                                                  
 Sustancia
micro gramo/litro micro g/litro
Aldrin (Plaguicida)
       0,03
Aluminio (Total)
   200
Antimonio (Total)
     10
Arsénico (Total)
     50
Benceno
     10
Berilio (Total)
       0,039
Cadmio (Total)
       5
Cianuro (Total)
   100
Cinc (Total)
 5000
Clordano (Plaguicida)
       0,3
Cloroformo ( Anestésico)
     30
Cobre (Total)
 1000
Cromo (Total)
     50
DDT (plaguicida)
       1
1-4 diclorobenceno (Ahuyenta polillas)
       5
Dieldrin (plaguicida)
       0,03
Diclorofenol
       0,3
Fenol (Desinfectante)
       2
Glifosfatos
   280
Hierro (Total)
   300
Manganeso (Total)
   100
Mercurio (Total)
       1
Niquel (Total)
     25
Plaguicidas organoclorados
     10
Plaguicidas totales
   100
PCB (Bifenilo poli clorado). (Aislante eléctrico)
       0,0008
Pentaclorofenol (Funguicida industrial)
     10
Plata  (Total)
     50
Plomo (Total)
     50
Selenio (Total)
     10
2,4,5 T (Agente naranja, matayuyos)
   280
Talio (Total)
     18
Tetracloruro de carbono.(Solvente, agente ignifugo)
       3
Uranio  (Total)
    100




Los años 70's en el Instituto de Física y en la ciudad

Palabras pronunciadas en el "Homenaje a los ex alumnos del Instituto Balseiro desparecidos o asesinados durante la dictadura cívico-militar (1976-1983)"
Como ex alumna del Instituto Balseiro les agradezco haber venido a acompañarnos en este homenaje a nuestros compañeros víctimas del terrorismo de estado
Antonio Gentile, se sabe que desapareció buscando a un familiar pero no se conocen las circunstancias que rodearon a su secuestro.
Susana Grynberg, estando embarazada de 3 meses es secuestrada en la calle, en la ciudad de Buenos Aires
Eduardo Pasquini fue secuestrado en su casa, en Rosario, junto a su esposa

Ninguno de estos 3 compañeros fue visto en ningún Centro Clandestino de Detención.

Por último, Manuel Tarchitzky, secuestrado en la casa de un tío, muere acribillado 45 días después junto a otras 3 personas, entre ellas su amiga y compañera de militancia Zulma Matzkin. Los juicios en curso en Bahía Blanca ya han establecido que Tarcho pasó por el centro de detención conocido como “La Escuelita”.

También quiero honrar aquí a los ex-alumnos del Instituto Balseiro, Elena Sevilla y Máximo Victoria.  Por sus ideas, ellos fueron encarcelados por largo tiempo y allí maltratados, humillados, sometidos y por último obligados a abandonar el país, sus vidas y sus familias. Ellos sobrevivieron al terrorismo de estado y han dado y dan su testimonio sobre lo que pasó. Por esta condición ambos, Elena y Máximo, deberían haber presidido esta reunión; es una pena que no estén hoy aquí.

A Antonio Gentile yo no lo conocí, ya había egresado cuando yo llegué. Conocí muy bien a Eduardo y a su esposa Liliana. Cuidé muchas veces a Gabriela-bebé, diría que era su “niñera principal”. Los vi por última vez en Rosario, en 1967. Gabriela nos contará sobre ellos y veremos un documental con testimonios que intentan “derrotar al olvido”.

En esta charla, por mi parte, trataré de trasmitirles mis impresiones de lo que fue el Centro Atómico en los primeros años de la década del 70; trataré de trasmitirles el clima de época. Y ubicaré en ese tiempo y lugar a dos de sus protagonistas: Manuel Tarchitzky (o Manolo o Tarcho) y Susana Grynberg (o Susanita). Ese momento coincide con mi regreso luego de pasar un tiempo trabajando en Francia. Me encontré con un grupo de estudiantes inquietos, contestatarios; todo podía y sobre todo debía ser discutido; no hacía falta ser “políticamente correcto” porque ¿qué era lo correcto?

El Centro Atómico era muchísimo más chico (por ahí puse una foto): las 14 viviendas al entrar, unos 10 pabellones para viviendas, laboratorios, servicios, eso es todo. No estaban los monoblocks, ni el reactor, ni el edificio de la biblioteca, ni el de Materiales, ni la guardería... No había televisión y la telefonía era prácticamente inexistente salvo en el casco urbano; para las comunicaciones usábamos la radio. Había pocos autos en la ruta, el transporte urbano era malísimo... Pasábamos mucho tiempo dentro de este predio. Mucho de nuestro tiempo libre lo usábamos discutiendo sobre la realidad del país, escuchando radio, haciendo circular la información que podíamos conseguir (sorteando la censura del gobierno militar de turno). Nos interesaba Chile y su propuesta innovadora de construcción del socialismo por un gobierno que había emergido de las urnas.

Queríamos saber más, nos juntábamos para leer. Llegamos a tener muy buenos niveles de organización y de entendimiento. Entre los hechos que generamos está la realización de la serie de Seminarios sobre Economía Política. Debo decir que estos primeros años de la década del 70 eran años de efervescencia y transformación que se manifestaba en distintos lugares del país. En el departamento de economía de la Universidad Nacional del Sur en Bahía Blanca, un grupo de investigadores jóvenes dedicados a economía y a otras ramas de las ciencias sociales impulsaban un nuevo plan de estudio que significaba un cambio fundamental en la enseñanza de la economía, nunca visto antes en el país. Estos profesores se empeñaron en enseñar economía destacando la existencia de una diversidad de escuelas o enfoques de los problemas económicos. Zulma Matzkin estudiante destacada de esta universidad y amiga de Tarcho nos propuso la idea de los seminarios y encaramos la tarea sorteando mil dificultades.    Fue un éxito, un acontecimiento para la ciudad.
El choque (metodológico) entre Físicos y Economistas fue impresionante. Recuerdo especialmente las interminables y apasionadas discusiones de café entre el economista Alberto Federico y nuestro Jorge Agudín, cada uno con su libreto; las bases de las disciplinas estaban en juego; con el debido respeto, uno se imaginaba el diálogo entre Marx y Einstein o Bohr.
Las charlas nos iluminaban sobre maneras diversas de contar la historia social de nuestro país y nos presentaban, desde diferentes perspectivas, un análisis de las políticas económicas implementadas en distintas épocas; también se discutían diferentes ideas sobre cómo encarar los nuevos desafíos político-económicos del momento.
Lo que se logró fue tan bueno que lo extendimos a un segundo año, agregando a los disertantes académicos, otros con un perfil más político.  En el segundo año llevamos las charlas al pueblo, al recientemente creado Centro Regional de la Universidad del Comahue. Uno de nuestros expositores más famosos, el cura Carlos Mugica, tuvo que repetir su charla al día siguiente en un salón más amplio.

Pensemos que este aporte a la cultura política de la zona fue generado desde aquí, por los atómicos, como muchos nos decían.

Recuerdo otro episodio: luego de la caída de Allende un grupo numeroso de universitarios argentinos de la Universidad de Concepción fue obligado a dejar el país; venían por tierra hacia el sur, en dos micros. Desde la Asociación de Física (en Buenos Aires) usando comunicación por radio, nos piden que los recibamos, los ayudemos en la frontera y los alojemos; ya ellos iban a implementar su traslado posterior. Nos organizamos. Recuerdo que del comité “de crisis” participaron también el administrador de la Fundación Bariloche y Pancho de Haro, del CRUB. Por un lado, médicos y abogados del pueblo fueron movilizados a la frontera para solucionar posibles problemas de salud y dificultades en las aduanas. Por otro lado, a nuestro requerimiento, prácticamente todos los habitantes del predio del Centro Atómico ayudaron albergando (en casas y pabellones) a familias enteras algunas con niños pequeños; guardando las distancias, era como un campo de refugiados... Debíamos estar movilizados para contener a la gente mientras esperábamos con ansiedad la noticia del traslado a Buenos Aires, que no llegaba. Una expresión fantástica de solidaridad.

Hay que decir que el grupo estaba todo el tiempo generando actividades, movilizando y discutiendo. Así es que paulatinamente desde mediados o fines del 71, fue surgiendo el interés por la militancia activa y algunos recalamos en el peronismo de izquierda. Allí estaban ellos, Manolo y Susana. Conocimos la ciudad, conocimos los barrios y sus habitantes. Se establecieron programas avanzados para la alfabetización de adultos; todos leíamos a Franz Fanon. Conocimos del trabajo del recién creado grupo de Agentes Sanitarios, que pasaban casa por casa controlando la salud de la población. Estas y otras acciones eran implementadas dentro del Nuevo Plan de Salud para la provincia de Río Negro que yo resumiría en dos frases: “salud para todos” y “la misma salud para todos”. Aprendimos mucho internándonos en el “territorio”. Conocimos y nos conocieron.

Luego de la muerte de Perón, en 1974, vimos el avance sin límites de la "Triple A". Leíamos en los diarios cómo muchos dirigentes políticos y sindicales eran asesinados. El Centro Atómico parecía preservado de estas contingencias; como lo habían hecho siempre desde su creación, los gendarmes custodiaban el predio pero no ocurría nada anormal. Sin embargo, una noche de verano, nos sorprenden por la ventana abierta los gritos de gendarmes llegando en grupos con ropa de combate, portando cascos. Apuntando con armas largas y golpeando las persianas nos obligan a cerrar ventanas y apagar luces. La iluminación exterior estaba apagada; una estudiante volvía de controlar su experimento en el laboratorio; los gendarmes la increpan y la llevan apuntándole con un arma hasta el pabellón. Al día siguiente todo volvió a la “normalidad” ¿Un ensayo general? Ensayo para qué, para cuándo, nos preguntábamos...

Las cosas empezaban a ser distintas también en nuestro pueblo. Supimos que habían puesto bombas en los domicilios de médicos comprometidos con el Plan de Salud. En la misma ocasión también redujeron a escombros la casa que un legislador peronista estaba terminando de construir. Se dijo que eran “expertos” que llegaron de afuera y que el “sobrante” de explosivos lo detonaron en la estepa cuando se iban...

Durante 1975, el grupo comenzó a dispersarse. A Susanita la vi por última vez en febrero del 76; vino de visita a Bariloche y se acercó a conocer a nuestra hija recién nacida. Estaba como siempre: mirada escrutadora, conservando su personalidad dinámica y discutidora. A Tarcho lo había visto antes, en el 75, vino a ver la casa que estábamos construyendo, trayendo una bolsa de castañas que pretendió asar... pero no tuvo éxito.

Y, de ahí en adelante... ya sabemos, la conformación de bandas de sicópatas para actuar a las órdenes del más imponente aparato cívico-militar que se haya visto y así someter a la población. Esto de provocar miedo y codicia a la vez... despierta en muchas personas, en apariencia “normales”, lo peor, lo más oscuro...

Estas últimas semanas hemos recibido muchísimos mensajes, muchos recuerdan las cosas que les estoy contando, ha sido un trabajo intenso cargado de emoción y responsabilidad. Hemos armado varios paneles incorporando las contribuciones recibidas. Hasta hoy siguen llegando adhesiones y palabras de admiración hacia estos compañeros.

Hace unos años mi hija, en relación con su trabajo de antropóloga, me contaba lo que pensaba de las generaciones; en un momento me dice “porque ustedes los setentistas...” y yo la paré en seco: le digo “yo no soy de los setenta, yo soy de los sesenta... porque mi tiempo no fue el de la derrota fue el de la esperanza”. Después de estas semanas de reencuentro con esos viejos tiempos... creo que debo reconsiderar esa postura.

Muchas gracias por haberme escuchado.

María Teresa Causa
Bariloche, 23 de marzo de 2012



A través de Anamari Pérez Aguirre, que le hizo llegar estas palabras, recibí hoy un mensaje de  Raimundo Guthmann (Raym), quien fue un compañero de militancia en los 70's y un médico comprometido con el plan de salud provincial
" me parece muy bueno, una buena descripción de lo que fué aquella época. Cuando la veas contale y mandale muchos saludos. Hicieron falta 35 años para que semejante discurso pueda ser leído en el Centro Atómico sin despertar una tormenta, la Historia a veces camina despacito"

Día de la Memoria II

Contribuciones de compañeros del Espacio Carta Abierta Bariloche al Homenaje a los ex alumnos del Instituto Balseiro desaparecidos o asesinados por la dictadura cívico-militar (1976-1983)


El Centro Regional Bariloche, de la Universidad Nacional del Comahue, abrió sus actividades a fines de 1972. En sus comienzos fueron notables los esfuerzos de esta nueva comunidad universitaria por desarrollar un proyecto amplio y serio de trabajo. Se buscó incorporar a la línea de las “Ciencias Exactas”, presente en la historia pre-universitaria, aportes de otras áreas del conocimiento, y en esta dirección, por ejemplo, se concretó la participación de un equipo de Antropología que, bajo la dirección de Guillermo Rubén, pudo iniciar un interesante trabajo de investigación. Eran tiempos de entusiasmo, esfuerzo, voluntad organizativa…y en esa efervescencia creativa, recuerdo vívidamente la participación de Tarchitzky y de Elena Sevilla. Ellos venían de las Ciencias Exactas, pero en esa oportunidad nadie defendía “su quinta”, y todos deseábamos poner el hombro en un proyecto común. Entre mucha otra gente, recuerdo especialmente a Manuel y Elena. 

Vino luego el desastre: la persecución, el miedo, la agresión, la destrucción generalizada. La vida del Centro se transformó en la débil latencia de ciertos rituales académicos. Costó a la Institución, y nos cuesta a los argentinos levantar cabeza desde ese lugar de tanta brutalidad. Hoy, felizmente vivimos otros tiempos, pero mi compañero Tarchitzky no está. Fue asesinado en uno de los tantos “enfrentamientos” fraguados de los que se valieron los represores, y en la cuenta engrosó el número de aquellos a los que se designó como “desaparecidos”. Seguramente los responsables del terror tuvieron la ilusión de que “desapareciera” de la Argentina toda una fuerza vital, pensante, activa en la pelea por una sociedad mejor. Fracasaron. Tarchitzky, como tantos otros, nunca “desapareció”, nunca al matarlo pudieron “borrarlo” y sigue activo, muy presente en la memoria y el corazón.

Hoy, con aún mucho dolor, me sumo con mi testimonio al homenaje en el que se evoca su trayectoria entre nosotros.



Ana Mari Pérez Aguirre











Susana Flora Grinberg, Eduardo Alfredo Pasquini y Manuel Mario Tarchitzky

Los conocí a los tres. 
Con Susanita fue con quien más contacto tuve. Mucho menos con el Tarcho, a quien vi, junto con Susana, en uno de mis breves viajes a Bariloche en los años 70, antes del golpe. Lo recuerdo como un joven inquieto, inteligente, muy interesado en la política. Tenía ya entonces lo que después llamaríamos una pinta peligrosa. Pelos largos y revueltos, un anorak (buzo de loneta con capucha, sin nada debajo)… sospechable fácil para los servicios y la cana de esa época. De Pasquini tengo un recuerdo lejano, de mi época de apolítico despistado. 

En ese encuentro recuerdo que, al mencionar a Franz Fanon y su Condenados de la Tierra, que fue mi libro de cabecera en esos años, ellos me hablaron de su sorpresa al ver que un hombre del sistema, como yo aún parecía ser, hubiera leído esa obra. 

Nos encontramos en unas cuantas reuniones políticas en Buenos Aires. Me contó, con ese su hablar medio arrabalero, de su visita a Cuba. Como antes de la asunción de Cámpora mi tarea de militancia era realizar proyecciones clandestinas de La Hora de los Hornos, la invité a una. 

Cumpliendo con las normas de seguridad de entonces, nunca nos dijimos cómo ni donde militábamos. Pero percibí muy claramente que coincidíamos en el objetivo revolucionario y en el planteo de la necesidad del regreso de Perón al país. Las tormentas de nuestra Historia nos separaron y recién al volver del exilio supe de estas muertes, así como de tantas más. 

Todo esto es la anécdota, necesaria quizá para explicar este dolor que hoy compartimos por la pérdida de todos estos amigos y compañeros. De tanta gente valiosa a la que hoy necesitamos, y que en el futuro próximo nos seguirá haciendo falta. 

Personas inteligentes, sin duda. Pero además, y esto es lo más importante, gente con amor por nuestra gente, con hambre de respeto y justicia para nuestra gente, con ansias de libertad para nuestro país. 

Con ellos, y todos los demás, que en realidad no sabemos exactamente cuántos fueron, pero que simbolizamos con el número de 30.000, compartimos una voluntad redentora. Ellos sufrieron una muerte terrible, una crucifixión, por parte de quienes se no querían la redención. 

Creo que a nosotros nos queda la tarea de seguir trabajando con aquellos objetivos. Sin odios, porque el odio daña solo a quien lo siente, y hace más difícil la construcción. Pero con todo el amor que seamos capaces de sentir por quienes necesitan de esa tarea.


Jorge Oscar Marticorena


Los homenajeados en el Intituto Balseiro: Antonio, Susana, Eduardo y Manuel


 



Antonio Manuel Gentile, egresó como Licenciado en Física del Instituto de Física de Bariloche (hoy Instituto Balseiro) en 1959. Entre los años 1976 y 1977, desde su residencia en Estados Unidos, viajó a la Argentina buscando a una hermana desaparecida.  Hasta hoy se desconocen las circunstancias que rodearon a su secuestro y desaparición.

Susana Flora Grynberg, egresó como Licenciada en Física del Instituto de Física "Dr. José A. Balseiro" (hoy Instituto Balseiro) en 1971.  Fue secuestrada en la vía pública, en Buenos Aires, el 17 de octubre de 1976.  Estaba embarazada de 3 meses. Su presunto hijo/a figura en las listas de chicos posiblemente apropiados por las fuerzas de seguridad.

Eduardo Alfredo Pasquini, egresó como Licenciado en Física del Instituto de Física "Dr. José A. Balseiro" (hoy Instituto Balseiro) en 1964.  Fue secuestrado en su casa, en Rosario, junto a su esposa Liliana Mizraji el 10 de junio de 1976.  Sus hijas Gabriela y Laura, de 11  y  9 años en esa época, al despertar encontraron su casa dada vuelta y saqueada.  Estos hechos son narrados en el documental "Liliana y Eduardo... las luces de la memoria" dirigida por Sergio Daniel Montserrat.

Ni Antonio, ni Susana, ni Eduardo, ninguno de los tres, fue visto en ningún Centro Clandestino de Detención.

Manuel Tarchitzky, egresó como Licenciado en Física del Instituto de Física "Dr. José A. Balseiro" (hoy Instituto Balseiro) en 1972.  Fue secuestrado en la noche del 21 al 22 de julio de 1976 cuando dormía en la casa de su tío Bernardo Lew, en Bahía Blanca.  Muere acribillado 45 días después junto a otras tres  personas, entre ellas su amiga y compañera de militancia Zulma Matzkin.  Estos hechos se conocen como "La masacre de la calle Catriel" y están narrados en el video http://www.youtube.com/watch?v=M2-o3cp4Bhw   
En el marco de los juicios contra los delitos de lesa humanidad cometidos por el V Cuerpo de Ejército (actualmente en curso en Bahía Blanca), se ha establecido que Manuel y Zulma fueron vistos con vida en el centro de detención conocido como “La Escuelita”.


Texto extraído de http://homenajeib.blogspot.com.ar/search/label/Susana%20Grynberg



Día de la Memoria

El día 23 de marzo pasado el Instituto Balseiro recordó a sus ex alumnos desaparecidos o asesinados por la dictadura cívico-militar que imperó entre 1976 y 1983 : Antonio Manuel Gentile, Eduardo Alfredo Pasquini, Susana Flora Grynberg y Manuel Mario Tarchitzky.

Varios integrantes del Espacio Carta Abierta Bariloche participaron de esta ceremonia.  Las contribuciones y detalles del acto de homenaje pueden verse en el blog:

http://homenajeib.blogspot.com.ar/

En sucesivas entradas reiteraremos aquí algunos aspectos de la ceremonia.  Consideramos importante difundir este homenaje.  Los cuatro compañeros pasaron en nuestra ciudad años que fueron decisivos en sus vidas y dos de ellos, Susana y Manuel, fueron activos militantes políticos en Bariloche durante los primeros años de la década de los 70's.

Invitamos a todos aquellos que conozcan hechos relacionados con los homenajeados que no los hagan llegar.  Asimismo ofrecemos el espacio a quienes deseen compartir algún recuerdo sobre estos compañeros.


Salón de Actos del IB con los paneles donde se recogieron fotos y recuerdos de los compañeros homenajeados


Placa alusiva colocada en el Pabellón Guido Beck del Instituto Balseiro