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viernes, 12 de abril de 2013

Caso Goye en la Recta Final



El Caso Goye en la Recta Final

Jorge Oscar Marticorena.

La finalización del 2012 y el comienzo del 2013 mostraron un Bariloche extraño.  Por un lado los diarios hablaban de una excelente temporada turística y por otro todavía resonaban las noticias de los saqueos.  
El año comienza con el inicio de un proceso tendiente a la revocatoria del mandato del Intendente Goye.
El Juez Lozada dictó la prisión domiciliaria para tres mujeres detenidas por los saqueos teniendo en cuenta que son madres de niños pequeños que necesitan estar con ellas.  Y también se apartaron autoridades y guardias del penal de Bariloche como consecuencia del fallecimiento de un interno en la revuelta del 24 de diciembre.
¿Observando estos hechos recientes, y recordando muchos otros, se podría decir que Bariloche es una ciudad particularmente conflictiva?
Sin recurrir a estudios estadísticos, nos atrevemos a decir que no.
Los conflictos existen en todos los grupos humanos, el tema de análisis es cómo resolverlos. En una sociedad consciente y madura es más fácil hallarles una solución no violenta y equitativa. La vigencia de un orden democrático permite que salgan a la superficie, se expliciten y se trabaje en su resolución. 
En este caso, transcurrido apenas un año de gobierno el Intendente es acusado de negligencia, de ineptitud, de irregularidades en su desempeño, y el humor de la calle, con todas sus informalidades e irregularidades, se le muestra cada vez más adverso.
Para algunos la impresión era que había perdido el rumbo y que no encontraba un grupo de personas capaces con las que trabajar.
Para otros era que, sencillamente, era un incapaz. Algunos de estos, con satisfecha suficiencia, decían “sabíamos que al final iba a pasar esto”.
¿Qué se hizo? Se recurrió a la Carta Orgánica del Municipio, en la cual los constituyentes indican los pasos a seguir en una situación como esta, y se utilizó por primera vez el recurso de la Revocatoria de Mandato establecido en ella. Ante esto, algunos trataron de defenderlo hablando de traición. No creemos que corresponda utilizar esa calificación extrema, sobre todo por la cuidadosa aplicación de la ley que se utilizó. ¿Pero cómo se puede calificar la frustración de quienes votaron por Goye y se vieron defraudados en sus esperanzas? 
¿Qué podemos decir, tratando de elaborar un análisis, en lo posible objetivo, del resultado político e institucional de este año de mandato de Goye?
Para empezar, pensamos que no es fácil conocer a Goye. Siempre lo hemos percibido como una personalidad aparentemente accesible, pero que en realidad mantiene en una reserva muy estricta sus verdaderos pensamientos. Esta característica hizo que gente que había colaborado en su campaña, y que él nombró en su gabinete, se fuera alejando rápidamente al ver cómo el Intendente se fue aislando en una práctica de operar con núcleos cerrados e incomunicados. Fue muy notable el hecho que recién al final de su campaña organizó una reunión en la que anunció su plan de gobierno, del cual nunca volvió a hablar y que nunca inició.
Ha tratado de justificarse apelando a la crisis económica de la Municipalidad, heredada de gobiernos anteriores. Se sabía, en términos generales, que esta situación existía y que era muy grave. Pero en las cuentas  de la Provincia existía un problema similar que se ha ido solucionando. Goye intenta descargarse de responsabilidades acusando a los gobiernos nacional y provincial de negarle el apoyo económico que necesita. Aparte de la inexactitud de la explicación, pasa por alto mencionar por qué, en todo un año, no ha conseguido encontrar un camino de solución para ese problema, enredándose en cambio en intrincadas e inacabables declaraciones y discusiones que solo le sirvieron para arruinar su relación con los organismos a los cuales estaba pidiendo ayuda.
Este recurso de responder a las críticas solo con críticas y acusaciones, no es infrecuente en la política, pero solo tendría sentido utilizarlo en el caso de no querer llegar a ningún acuerdo. Goye, objetivamente, necesitaba esa ayuda. Si su proceder formaba parte de algún plan, como por ejemplo marcar una posición política de independencia respecto a los gobiernos nacional y provincial, cometió un error gravísimo, que lo llevó a una situación tan desesperada como la que finalmente debió enfrentar, que dio como resultado que se cancelara su mandato.
Cuando llega el momento de estar en inferioridad de condiciones, lo inteligente   es negociar. Maquiavelo, en sus consejos al Príncipe, explica esto muy bien.
Y nuestro magnífico Fontanarrosa, en su historieta sobre Inodoro Pereira, lo muestra al gaucho preparándose a resistir el malón, y a su perro Mendieta que le aconseja:
-Negociemos, Inodoro.
Mendieta era la sabiduría.