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jueves, 28 de julio de 2016

La Noche de los Bastones Largos



A fines de julio de 1966 con la presidencia de facto de Onganía se decretó la intervención
de las universidades nacionales las que de esa manera perdían su autonomía. En Buenos Aires, una reacción inmediata de los universitarios fue ocupar las Facultades. El gobierno ordenó la desocupación lo que dio lugar a una represión brutal por parte de la policía. La destrucción alcanzó los laboratorios y bibliotecas de las altas casas de estudio.  A esto le siguió el éxodo de profesores e investigadores y la supresión de los centros de estudiantes. Este hecho se conoció como "La Noche de los Bastones Largos". Fue el 29 de julio de 1966.







La última facultad a ser desalojada fue la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA que en ese momento todavía funcionaba en el antiguo edificio de Perú 222.  Uno de los protagonistas de ese episodio fue Tomás Buch que así recuerda el momento.


A 50 años de la Noche de los Bastones Largos
por Tomás Buch, uno de los participantes.


Once años antes, nos horrorizábamos ante el bombardeo de Plaza de Mayo, pero celebrábamos la caída del peronismo, que en ese entonces había reducido la calidad de la enseñanza universitaria a niveles vergonzosos, principalmente por exigir la afiliación al PP - que aún no era conocido como PJ - de todos los docentes, la mayoría de los cuales prefirió irse de los claustros.

Diez años después, en 1976, jamás hubiéramos osado resistir, so pena de ir a parar a la ESMA.

Otros diez años más tarde, en 1986, gozábamos de la recuperada Autonomía Universitaria, que no se volvió a interrumpir, y en la primera década del nuevo siglo se enriqueció con la creación de muchas nuevas universidades que ya adquirieron fama y orgullo.

Pero, en 1966, nos sentíamos fuertes como para resistir, nos contestaron con golpes, y muchos de nosotros nos sentimos ciudadanos de la Patria Grande y logramos que varios hermanos latinoamericanos aceptaran grupos enteros de investigadores que podían ayudar a ahorrar los esfuerzos iniciales: en Chile, Perú, Venezuela. Algunos fueron a Brasil, donde las cosas ya estaba en funcionamiento, y permanecieron allá, pero como individuos, no como grupos.

El Onganiato fue esperado durante meses. Cuando se produjo el golpe, estuvimos esperando el ataque a la Universidad durante todo un mes, hasta que se produjo, el 29 de julio de 1966. Los decanos se negaron a transformarse en interventores, la universidad cayó en manos de la extrema derecha, y en aquel mes vivimos en Asamblea Permanente. Decidimos irnos, pero mantener los grupos de investigación enteros, en lo posible.

El ataque llegó, el 29 de julio. A bastonazos y simulacros de fusilamiento y montones de detenidos que, milagrosamente, fueron liberados al día siguiente. Nunca sabremos en qué medida esa liberación fue "catalizada" por un profesor visitante, el Dr. Warren, que dio la voz de alarma en todo el mundo. Tal vez sin él, las cosas hubiesen sido diferentes, peores. Pero claro, el Onganiato fue una risa comparado con lo que vendría una década después.

Ahora, los que vivimos todo aquello tenemos medio siglo más. Pero nos une la historia, de la cual nos tocó ser protagonista por unas semanas. No sabíamos lo que vendría diez años más tarde...

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Tommy también nos envía el artículo de hoy de Página 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-305454-2016-07-28.html

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Aquí, otro recordatorio publicado en el Facebook del colectivo
CIENTÍFICOS Y UNIVERSITARIOS AUTOCONVOCADOS CÓRDOBA
https://www.facebook.com/notes/cient%C3%ADficos-y-universitarios-autoconvocados-c%C3%B3rdoba-la-12-de-noviembre/a-50-a%C3%B1os-de-la-noche-de-los-bastones-largos/1101008683301460/
del que se transcribe el último párrafo:


"Creemos que resulta clave reconocer en esta coyuntura la nueva sutileza de las herramientas empleadas por los enemigos de una ciencia y universidad públicas, al servicio de los intereses populares: no vemos –al menos no todavía- bastones en los patios universitarios, ni uniformados irrumpiendo violentamente en los espacios destinados al pensamiento y el debate de las ideas. Pero ello no implica que no estemos observando otro tipo de golpes, ataques y humillaciones: un gobierno cuya política demuestra cada día ser enemiga de los intereses populares implica, claro está, el desprecio por una ciencia y universidad al servicio del pueblo y comprometida con la crítica informada y responsable de la sociedad en que vivimos.
Hace medio siglo, el jefe de la Policía Federal, Mario Fonseca, obedeciendo las órdenes de Organía diría: “Sáquenlos a tiros, si es necesario. ¡Hay que limpiar esta cueva de marxistas!”. La “cueva” no está ni estará nunca limpia, no de ideas de cambio, no de pensamiento crítico, no del derecho a pensar y luchar por otro mundo posible.
Hoy, 50 años después, los bastones vuelven a golpear, de otra manera, con otras estrategias, pero con objetivos semejantes. Defendamos lo conseguido y luchemos por lo que nos falta, con la historia como trinchera y como arma"






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