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sábado, 11 de agosto de 2012

Reflexiones de un colonizado

Una reflexión personal de Jorge Oscar Marticorena

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En los años que viví en Europa, me aficioné a visitar monumentos del arte gótico. Estos paseos se iniciaron una noche en Paris, cuando una amiga me invitó, poco después de mi llegada, a visitar el Barrio Latino. Me hizo recorrer esas callejuelas estrechas y llenas de meandros hasta llegar a una esquina desde donde pude, de pronto, ver a la Catedral de Notre Dame.

Supe que era Notre Dame. No tuve ninguna duda. Muchas veces había visto las fotos de esa construcción. Sabía algo sobre el gótico porque tuve la suerte de encontrar, en el colegio secundario, un profesor de historia del arte que nos explicó los cómos y los porqués de ese estilo. Pero la dificultad con que me encontré para asimilar la sorpresa, la emoción, el placer de verme a mí mismo en ese lugar, contemplando esa belleza cargada de siglos de historias, me inmovilizó. En ese momento, solo podía mirar y ser feliz. Mi amiga se acercó, divertida. Me preguntó qué me parecía. Y yo solo pude murmurar

- ¡Es fantástica!

Este fue un comienzo, pero no fue “el” comienzo. Toda mi educación secundaria transcurrió en un colegio de élite. Ingresé después a la Universidad de Buenos Aires que, con sus más, sus menos, sus impulsos y tropiezos, me enderezó hacia el camino de la búsqueda de la excelencia. Camino en el que me perdí varias veces, pero que retomé casi por casualidad al incorporarme a mi último lugar de trabajo, la Comisión Nacional de Energía Atómica.

Estando allí, me enviaron por un año a Paris, ciudad de mis sueños y fantasías, a trabajar en un centro de excelencia donde aprendí algunas cosas. Pero, visitando catedrales, museos, castillos y palacios, hermosas ciudades muy antiguas, y también las huellas horribles de la guerra en los campos de Verdun, asimilé ideas bastante valiosas. Una, la más importante, fue que no soy, ni quiero llegar a ser europeo, y que aunque lo quisiera no lo lograría, porque ya soy esencialmente otra cosa: argentino.

La otra idea fue que me faltaba bastante para entender qué significa esa identidad.

Cuando uno vive, va viviendo. Quizá, sin saberlo, rutinariamente. Quizá desordenadamente. Muchas veces corriendo tras figuritas de colores cambiantes, ilusiones carentes de nobleza. Juntando mucha basura y, alguna vez, una joya extraña.

Hasta que, como por casualidad, se llega una experiencia integradora. Eso me pasó en un cine de Paris, viendo una película que resultó ser el empujón que me lanzó a un proceso que aún sigue, el de la construcción de mi identidad de argentino.

La película se llama La Hora de los Hornos. La realizaron Octavio Getino y Fernando Solanas. Si quisiera describir lo que sentí en términos ampulosamente clásicos, diría que fue una experiencia de iluminación. Poniéndolo en un lenguaje mucho más llano, digo que me avivé de cuánto chamuyo me había creído hasta entonces.

Pensando, leyendo, volviendo a pensar, conversando. Caminando muchas calles. Entrando a casas, alguna palaciega, algunas villeras. Arriesgándome, algo o mucho, nunca lo supe muy bien, en la militancia. Participando en una realidad que antes veía de lejos, con temor y rechazo. Así aprendí que era un colonizado, y lo difícil que es dejar de ser a la vez producto y víctima de un sistema colonial. Víctima privilegiada, por haber sido incorporada, a través de un largo proceso de entrenamiento, a una elite. Pero víctima. Y lo que es más triste, víctima enamorada del colonizador. Víctima preparada para representar al colonizador, para trasmitir el vasallaje.

Lo peculiar de estas historias es que nuestros colonizadores, a lo largo de procesos propios, fueron cambiando, ellos y sus estrategias. Y los vasallos, gracias a la sólida cultura que asimilamos, hemos ido transfiriendo nuestra dependencia a los nuevos amos.

¿En qué estoy, en qué estamos hoy? Soy uno de los muchos que, a través de procesos trabajosos y hasta dolorosos, hemos construido estas convicciones liberadoras.

¿Está todo bien, entonces?

Pienso que no, por dos motivos. Esa construcción cultural a la que fuimos sometidos desde la infancia es como una infección que ha invadido todo nuestro espíritu, anidando en él de modo tal que, si no estamos alertas, más de una vez reaparece y dificulta la distinción clara de los objetivos nacionales. Me ha ocurrido más de una vez, encontrarme con compañeros menos educados que, por no haber sido tan preparados para la dependencia, veían con más claridad por dónde pasaba el camino a la independencia.

El otro motivo es que me disgusta abandonar amores tan grandes. He preferido emprender el difícil camino hacia la síntesis de mis dos culturas, la argentina y la europea. Sintiendo que, además, me atraen otras menos afines, pero también cargadas de riqueza.

Cuando escribo un ensayo como éste, prefiero ser breve. Pero todo ensayo, todo texto, debería tener un final adecuado. Las palabras que siguen pretenden serlo.

Como objetivo actual de mi vida intelectual quisiera repetir un hermoso y arriesgado pensamiento renacentista: “Que nada de lo humano me sea ajeno”

martes, 7 de agosto de 2012

¡Felicitaciones Dr. Rubén Marigo!

El Dr. Rubén Marigo fue designado por unanimidad por el Consejo de la Magistratura en su sesión del 21 de junio pasado como Juez de la Cámara Laboral en reemplazo del Juez saliente Dr. Ariel Asuad



Desde nuestro espacio queremos expresar nuestra gran alegría por la merecida designación del Dr. Rubén Marigo como Juez de Cámara de la Cámara Laboral de nuestra ciudad. Nos parece sumamente importante que un abogado que dedicó su larga trayectoria a la defensa de los sectores más vulnerables de la población en cuanto a sus derechos humanos y laborales llegue a estas instancias. 

Queremos destacar aquí una de sus frases en la ceremonia de asunción: “espero no defraudar en mis decisiones, mis convicciones políticas, sociales y jurídicas. Mi postura en este sentido es clara, y dentro del Derecho Laboral voy a ser imparcial pero no neutral”. 

Estamos convencidos que desde la Cámara Laboral, así como antes lo hiciera desde su rol de abogado, continuará ejerciendo su profesión para beneficio de los trabajadores y de la población en general.


viernes, 8 de junio de 2012

Raimundo Guthmann


La noticia del fallecimiento de Raym (como muchos lo conocían) conmovió a Bariloche. Se manifestó en medios gráficos y digitales y, sobre todo, en emotivas cartas de lectores.

Bueno, aquí quiero decir que yo también lo conocí. En los 70s, Raimundo Guthmann fue un activo militante peronista encuadrado en la JP de Bariloche. Un militante más, atento a todo. Infaltable a las reuniones en el local situado en la calle 25 de Mayo cerca del cruce con Onelli. Contundente al hablar sobre los problemas de la salud pública. Tuvo activa y fundamental actuación en la concreción del Plan de Salud de la provincia en 1974. Se hablaba de un Estado de Bienestar que en lo que respecta a la salud perseguía la constitución de un seguro de atención médica integral para el conjunto de la ciudadanía provincial incluyendo por lo tanto también un plan de salud rural. Estas ideas que implican no solamente una “salud para todos” sino y sobre todo “la misma salud para todos”, centralizada en la actividad del Hospital Público, inquietaron a algunos sectores; se hablaba de ideas “subversivas y comunistas”. Raimundo recibió varias amenazas de la Triple A.  Ya en 1975 le prohibieron ejercer la medicina llegando hasta impedir que tan siquiera ingresara al hospital como particular. Poco antes del golpe del 76 le pusieron una bomba en su casa.  Literalmente lo expulsaron de la ciudad, lo obligaron a dejar atrás su vida y sus proyectos.

Tuve la suerte de recibir hace muy poco unas palabras de aliento y afecto de su parte en ocasión del homenaje que realizamos el 24 de marzo para recordar a compañeros desaparecidos o asesinados por la dictadura. Dictadura que la propia experiencia de Raimundo muestra que no fue solamente un delirio de algunos militares trasnochados... Debemos preguntarnos ¿a quién molestaba el Plan de Salud de la Provincia? Es una obligación ineludible bregar por el esclarecimiento de estas acciones del terrorismo de estado desenmascarando a los responsables civiles. También instar para que en nuestra provincia tengamos alguna vez el servicio de salud con el que se soñó en 1973.



Raimundo Guthmann, PRESENTE

Izq.:Raym (joven), en la montaña con la Comisión de Auxilio (foto barilochesemanal.com.ar)
Der.: con Mariluz, su esposa (foto bariloche2000.com)  


María Teresa Causa



Anamari Pérez Aguirre me envió el siguiente comentario:
" ...Raym me pertenece y pertenece a todos los que tuvieron la posibilidad de conocerlo personalmente, y guardan su memoria con tanto respeto y cariño...como lo evidenciás vos al evocar tus recuerdos y los de la época que vivió en nuestro pueblo. Con su personalidad aguda y generosa, con las actitudes de humildad que asumió en su vida, siento es merecedor de homenaje verdadero. "




lunes, 28 de mayo de 2012

Cristina en Bariloche (II)

Los compañeros de Carta Abierta estuvieron presentes junto a barilochenses y visitantes para celebrar la presencia de nuestra Presidenta en nuestra ciudad.  En sucesivas entradas nos haremos eco de esta participación.
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Nuestra pancarta desplegada en la zona del hotel Panamericano lugar en el que la Presidenta recibió los saludos protocolares una vez terminado el Tedeum




El vicepresidente Boudou y el Secretario Guillermo Moreno fueron recibidos calurosamente




FINALMENTE...




También estuvimos en el Centro Cívico





Camino al Teatro La Baita


Los festejos del 25 de mayo por los integrantes del Espacio Carta Abierta Bariloche navegando el Nahuel Huapi


Vista de la fiesta del Centro Cívico desde el lago


Desfile Náutico


viernes, 25 de mayo de 2012

Cristina en Bariloche ...





A nueve años del comienzo de este exitoso ciclo de gobiernos nacionales y populares saludamos con inmensa alegría la llegada de nuestra presidenta a nuestra ciudad







lunes, 23 de abril de 2012

La desconfianza


¿Por qué hubo un cuarenta y pico por ciento de los electores argentinos que no la votaron a Cristina? ¿Por qué habrán actuado así?

Pienso que por muchos motivos. Algunos esperables. Sabíamos, intuíamos que algunos de esos electores jamás votaron ni votarán a un candidato peronista. Desde un punto de vista político, los peronistas sabemos (supongo) que intentar lograr de ellos un cambio de opinión es perder el tiempo. Esta no es una actitud despectiva. Se trata solo de reconocer un hecho y economizar tiempo y esfuerzos.

Otro grupo de los electores no peronistas ha votado, en otras circunstancias y momentos, por candidatos peronistas. No tomo como ejemplo de estas decisiones a la elección ganada por Perón a su regreso a la Argentina. Las circunstancias eran tan extremas que una mayoría excepcional decidió que lo único que se podía hacer era votarlo a Perón. Y me atrevería a decir que la mayoría de quienes lo votaron, lo hicieron con esperanza. No todos con la misma esperanza, pero sí con una esperanza, con una cierta confianza en que él iba a arreglar las cosas. Cosas que no para todos eran las mismas, pero todos tenían en su mente cosas que esperaban que Perón arreglara.

Las dos elecciones ganadas por Menem fueron diferentes. En la primera, la desilusión respecto del gobierno de Alfonsín facilitó el triunfo, y los juegos mágicos de la convertibilidad permitieron llegar al final de los 6 años. Tanto fue así que de la Rúa no se cansó de asegurar que la convertibilidad no la iba a tocar, y de ese modo logró que hasta algunos peronistas lo votaran. Cuántos no lo sé, pero que los hubo, los hubo.

Después vino el 2001. El tren de la historia descarriló muy mal y pasó todo lo que recordamos y aún comentamos, debatimos y, en la medida de nuestras fuerzas, conocimientos e ignorancias, tratamos de explicar. Como mis fuerzas y conocimientos son pocos y mis ignorancias muchas, voy a ocuparme aquí solo de un sentimiento que desde hace tiempo forma parte de las costumbres de los argentinos pero que, me parece, está en proceso de crecimiento. O, para decirlo en palabras fáciles, empieza a ser una moda.

Hablo de la desconfianza. Y la clasifico como sentimiento, porque el desconfiado no confía, no cree, primero rechaza y después justifica su rechazo. La confianza depende del amor. Primero se ama y luego se confía. Primero se cree o no se cree. Después se ama o no se ama. Lo demás son juegos intelectuales que vienen a continuación de los sentimientos. Otra cosa es el análisis desapasionado, desprejuiciado, un ejercicio intelectual que puede terminar en apoyo o rechazo, y luego en amor o en odio.

No es fácil ese análisis, porque todos tenemos nuestros sentimientos y, aún los más cerebrales, ideas que les apasionan y que vienen de territorios de la mente difíciles de explorar y cartografiar.

Y por el lado del sentimiento se cuelan muchos pensamientos. Así es como se aceptan o rechazan modelos sociales, imágenes propias y ajenas, formas de comportamiento.

Por ejemplo, según los lugares, los grupos, los sectores, ser un entusiasta propulsor de una idea puede proyectar una imagen de credulidad poco inteligente, mientras que el que proclama “a mí no me la van a contar, son todos iguales, todos mienten” puede llamar la atención como un crítico experimentado. Y más allá de la respuesta social que se obtenga, según como sea la historia personal de cada uno, puede suceder que un apoyo muy firme a una posición o un línea argumental lleve al protagonista a sentimientos de inseguridad que no aparecen cuando se coloca en un nivel que él siente superior, de crítica intransigente que lo pone a salvo de sus inseguridades.

Todo esto, a nivel de las relaciones personales, puede no tener demasiada trascendencia. Cuando se difunde y contamina, o es aprovechado en la polémica política, puede llegar a ser peligroso. Estimular el principio de desconfianza no es difícil. Es muy fácil lanzar a rodar una maledicencia. Lo más efectivo son los comentarios de corrupción, de favoritismo, de protección por intereses políticos. Los chismes sexuales ya están desgastados por los cambios de las costumbres. Delitos mayores se hacen más difíciles de creer. Pero por ejemplo una coima, un favoritismo… nadie está a salvo de una sospecha de este tipo.

¿Por qué puede ser tan dañina esta marea negra de la desconfianza?

Porque la desconfianza desmoviliza. Porque una sociedad desmovilizada se disgrega más fácilmente, y una sociedad disgregada se desorganiza.

Y una sociedad, un pueblo desorganizado es más fácil de dominar.


Jorge Oscar Marticorena







domingo, 15 de abril de 2012

La Toxicidad Política del Cianuro


Por Jorge Oscar Marticorena


La Toxicidad Política del Cianuro
Jorge Oscar Marticorena


Debo confesar que la idea de atribuirle al cianuro un efecto tóxico sobre la política me pareció intuitivamente interesante, y desde ya original. El problema fue que el intento de desarrollarla hizo que entrara en un laberinto de senderos que se bifurcan y llevan a demasiadas cuestiones como para tratar en una nota que pretendo breve .

Empezando por el principio, que no es mala costumbre, diré que el título quiere decir que el tema ha envenenado la discusión política con conceptos vagos, imprecisos o directamente erróneos, carencia de información sólida y confiable, exceso de información frágil y desconfiable, y diversos tipos de prejuicios y actitudes soberbias o sectarias. Debo reconocer, antes que algún crítico benevolente me lo diga, que este envenenamiento de la discusión política que describo se produce con tanta frecuencia que casi admitiría que es un fenómeno normal.

Me referiré primero a algunos de estos prejuicios.

· El prejuicio anti científico que nace de una desconfianza en el saber científico.

· El prejuicio tecnocrático que aparece a partir de una confianza muy acentuada en la solución tecnológica de los problemas, y en una desconfianza, que llega al desprecio, a las objeciones que se plantean desde ambientes no tecnológicos.

· El prejuicio anti empresario, basado en la larga y cierta experiencia del muy bajo interés real de muchos grandes empresarios por las consecuencias sociales del funcionamiento de sus empresas.

Amplío un poco los conceptos, que en realidad se refieren a situaciones muy complejas que merecen análisis mucho más profundos.

· La desconfianza en la ciencia

Pienso que, en la sociedad actual, el conocimiento científico podría calificarse de esotérico, no porque sea un conocimiento oculto y reservado para un grupo selecto de iniciados, sino porque la comprensión de esas ideas requiere de la capacidad de manejar un conjunto bastante importante de conocimientos previos, sin los cuales solo es posible llegar a poseer un esquema superficial de cualquier ciencia actual. Por ejemplo, la comprensión de cualquier teoría o cualquier trabajo de investigación de los que se publican en las revistas especializadas es entre imposible o extremadamente difícil si no se posee una base sólida de conocimientos en matemática, física, química y según los casos, también en biología, sociología, economía e historia. Más una ración prudente de filosofía y psicología como para entender algo de esta humanidad a la que pertenecemos. Para una persona normal, en nuestra actual organización del sistema educativo, esto implica un trayecto de una decena de años una vez egresado de la escuela primaria. Es posible que este trayecto pueda acelerarse, pero de cualquier modo hacen falta años para comprender nuevos lenguajes, para asimilar nuevas formas de pensar y de expresarse.

Si no, no se entiende nada, a menos que uno se encuentre con un buen traductor que le sepa decodificar la información a su nivel de capacidad de comprensión. Lo que se conoce como un divulgador. Pero los buenos divulgadores son especímenes muy raros. Y siempre está presente esa vieja y muy sabia advertencia de que el traductor es, a fin de cuentas, un traidor.

No es extraño que el lego, en medio de uno de esos cónclaves de especialistas que discuten algún tema que él sospecha importante para su vida o su bienestar, se sienta aislado e inseguro, y desconfíe. Y si el tema viene ya alhajado con la presencia de venenos mortales, aguas definitivamente contaminadas, y transformaciones ciclópeas de su territorio, no es para asombrarse que diga NO.

· El tecnócrata que se las sabe todas

Cuando necesito decir a qué me dedico, digo que soy un tecnólogo. Esto es verdad, pero dista mucho de ser toda la verdad. Uso esa definición para ahorrarme, y ahorrarle a quien me escucha, la historia de mi vida. En diversos momentos me he dedicado a cosas que tienen que ver con la tecnología. Pero lo que definitivamente no soy, es un tecnócrata. No me interesa, es más, estoy en contra de usar el poder que puede dar la tecnología, o de ejercer el poder a través de recursos científicos o tecnológicos. Creo que esa es una pretensión profundamente antidemocrática y antipopular, que nace de una soberbia elitista, y que ha provocado desastres a lo largo de toda la historia del hombre.

Nadie se las sabe todas. Un tecnólogo puede conocer mucho de una o varias tecnologías, pero hoy no existe el tecnólogo universal. Cualquier proyecto tecnológico debe reunir un conjunto de especialistas, más uno o unos pocos generalistas que pueden entenderlos a todos y ocuparse de la dirección general. Y es por eso, además, que las leyes exigen que cualquier proyecto, y sobre todo si es física o económicamente importante, debe cumplir con instancias de revisión y control periódico, para reducir al mínimo los riesgos que esa actividad genera. Y una de esas instancias son las reuniones con las comunidades a las cuales el proyecto puede afectar, para analizarlo y ponerse de acuerdo en la identificación de los riesgos y la forma en que serán evitados.

· La empresa buena y la empresa mala.

Una empresa es una organización de la sociedad civil cuyo objetivo es siempre producir algún bien u ofrecer un servicio para obtener una retribución económica. Hay empresas que esto lo hacen bien, produciendo bienes y prestando servicios de buena calidad, y otras que lo hacen mal, por los motivos que fueren. En general, las primeras empresas se clasifican como buenas, y las otras como malas, y tanto unas como las otras, analizadas en función de sus relaciones con sus empleados, el medio social en el cual actúan, el ambiente natural en que se insertan o las autoridades que las controlan y supervisan, pueden merecer todo tipo de calificaciones, desde las peores a las mejores. Y otro tanto se puede decir de los empresarios que las poseen o las dirigen. Con lo cual si, es verdad, hay y ha habido empresas y empresarios capaces, honestos, responsables de sus deberes sociales, y otros que, cuando la situación se puso incomoda, se subieron al bote en mitad de la noche y se fueron a su rincón en las Bahamas.

En resumen, parafraseando el famoso dicho de Perón, las empresas, y los empresarios, pueden ser buenos, pero si se los vigila son mejores.

· El oro y el cianuro.

Y aquí llegamos al tema. Para empezar, quiero ofrecer información concreta. Números. El precio del oro ha trepado más o menos hasta los 1.650.- dólares la onza. Una onza son unos 31 g, y 31 g de oro puro ocupan un volumen de unos 1,6 cm3, o sea un cubito de 1 cm por 1cm de base por 1,6 cm de alto. Si tiene una regla a mano, haga el gesto con los dedos en el aire, de 1 por 1 por 1,6 centímetros. En oro, eso son unos 1.650.- dólares. Con lo que un Kg de oro, que es una cantidad bastante manuable, tiene el interesante valor de de 53.050 dólares.

Las reservas de oro de las que se habla en Argentina en los yacimientos en explotación, o con trabajos preliminares a su entrada de explotación, suman millones de onzas, y no son unos pocos millones. Dejo al lector el trabajo de hacer los cálculos y de imaginar lo que se podría hacer con esos montos. Pero para llegar a disponer de esa riqueza falta recorrer todo el camino que va desde la exploración y la certificación de las reservas del yacimiento hasta el proceso, nada sencillo, de extracción del mineral y los tratamientos necesarios para llevarlo a condiciones que permitan su embarque y su venta.

Hasta aquí, pienso, todo puede parecer claro. Pero no lo es en absoluto, y no precisamente por razones científicas o técnicas. La química del oro y sus compuestos se conoce desde hace más de un siglo. La tecnología de la obtención del oro metálico, en lo esencial, es mucho más antigua. Ha habido cambios, desarrollos, motivados fundamentalmente por la necesidad, y el deseo, de obtener más oro de todas las formas posibles. Y esos desarrollos han tenido éxito.

¿Cómo, me puede preguntar alguien, porqué entonces el precio del oro ha aumentado tanto? No aumenta porque la obtención sea tanto más cara. Aumenta porque hay mayor demanda. Por qué hay mayor demanda, me preguntarán. El oro por circunstancias sociales se ha convertido en “Reserva de Valor” y eso lo hace apetecible por todo el que pueda acceder a él. Eso le da el valor. Intrínsecamente no lo tiene, casi no sirve para nada práctico. .

Mencioné la necesidad y el deseo de obtener más oro. En realidad hay un deseo que genera una necesidad.

Ese deseo tiene un nombre clásico: codicia.

Y la codicia, uno de los 7 pecados capitales, ¿recuerdan?, genera la necesidad.

Las empresas se organizan para ganar plata. En el sistema capitalista ganar plata no está mal visto, muy por el contrario. Y en las organizaciones pre capitalistas de Europa tampoco estaba mal visto ganar y poseer riquezas. Al mismo tiempo, hoy y antes aún más, esas sociedades se consideraban cristianas. Las bienaventuranzas que proclamó Jesús eran, y aún son para muchos de ellos, un detalle menor que se arregla con las limosnas, personales o a través de las instituciones apropiadas.

Este es un tema moral (o ético) que suele provocar discusiones y confusiones. Abusando quizá de la paciencia del lector, le recuerdo que la definición de los pecados aparece en el Antiguo Testamento, libro básico de la religión hebrea, que es tomado como referencia tanto por el cristianismo como por el islamismo. De este modo, las tres religiones monoteístas más importantes, que de un modo u otro son referencia para buena parte de la humanidad, consideran pecaminosa la codicia. Sin embargo, en los hechos, la mayor parte de las más grandes fortunas del mundo pertenecen y han pertenecido a gentes que, al menos culturalmente, reconocerían que su ética o su moral tienen raíces que se nutren de ese libro, el Libro. No voy a entrar en el tema de cómo cada potentado, cada comunidad religiosa o cada líder religioso se las arregla para convivir con estas raíces. También ocuparía muchas páginas y no tengo la preparación para afrontar semejante tarea. Pero que se las arreglan, se las arreglan.

Por un montón de razones técnico económicas, hoy el método más barato para obtener oro de la pureza requerida por el mercado es la minería a cielo abierto con el uso de una solución de cianuro de potasio que disuelve selectivamente el oro. Hay otros métodos, pero son más caros. Y cualquier empresa, cuando tiene que elegir un método para hacer algo, elige el más barato.

Anuncio que aquí voy a cambiar el centro de atención de este ensayo. Dejo a las empresas con sus intereses y sus problemas, y me traslado a la sociedad en que actúan.

Cuando nos hablan de más barato habría que contestar con tres preguntas. ¿Más barato que qué? ¿Más barato que cuánto? ¿Más barato en qué condiciones, para producir qué?

Si por uno de esos azares de la vida, que espero no se produzca, me tocara intervenir en la evaluación de uno de estos proyectos, una vez leídos todos los pliegos descriptivos de las procesos técnicos y las condiciones económicas, estas serían algunas de las primeras preguntas que haría, y esperaría un respuesta muy detallada y bien fundamentada.

Por ejemplo, la explotación a cielo abierto permite aprovechar yacimientos de una concentración menor () que los explotables con la técnica tradicional de las galerías que siguen las vetas de mineral, correspondería que explicaran de qué manera van a llenar el gigantesco agujero que producen y reacondicionar el terreno. Y exigiría que en el contrato de concesión figure un compromiso legal muy fuerte y detallado acerca de los programas de protección ambiental a desarrollar durante la explotación, y de los compromisos legales de remediación ambiental a aplicarse al cierre del yacimiento. Programa de remediación que debería abarcar el tratamiento final de todos los residuos dejados por la explotación. Sería interesante ver si la tecnología a cielo abierto sigue siendo competitiva en estas condiciones. Es posible que sí, pero seguramente las ganancias de las empresas sean menores, con lo cual habría que volver a visitar el concepto de la codicia.

Dije antes que pretendo aportar información concreta, no solo generalidades.

Uno de los temores más importantes, que está en el origen de estos debates, es la toxicidad de los cianuros. El nombre cianuro puede incluir una variedad de sustancias, pero no importa, dejo de lado la química, que es mi profesión, y hablaré solo de los cianuros, comparando su toxicidad con las de otros venenos que existen y se utilizan industrial o cotidianamente. Resulta que los cianuros no son los peores. En la tabla que adjunto (1) se ve que, además de los peores, hay otros que, aún siendo menos tóxicos, si se manejan desaprensivamente, enferman y matan.

Quiero cerrar el ensayo enunciando dos problemas de carácter económico, legal y político muy poco mencionados hasta ahora.

En general, las mineras establecidas o por establecerse en el país no exportan oro puro. En el mejor de los casos, lo que envían al exterior es una aleación de oro llamada metal doré. El pago de regalías por parte del estado, así como el cobro de impuestos, se hace en base a declaraciones juradas de las empresas. El problema es que no hay ningún control, por parte del estado, de la composición de ese metal dorado, porque los contratos no lo prevén. Y para peor, muchos de estos yacimientos contienen sustancias tanto o más valiosas que el oro. Es más frecuente que lo que se exporta sea un concentrado del mineral, donde es muy posible que vayan, un poco mejor escondidos, esos metales de aplicación en productos de alta tecnología cuyo valor es cada vez mayor.

· Síntesis final.

No puedo terminar estos párrafos sin agregar que todas estas preocupaciones y discusiones sobre el impacto ambiental y los riesgos para los trabajadores y el público dejan en la sombra la existencia de una política depredatoria que empieza con la violencia de la colonización española, y que luego de la decadencia del Imperio Español es continuada, con métodos que se van adaptando a los tiempos, por el Imperio Británico, los Estados Unidos y la Unión Europea.

Un ejemplo paradigmático de este método es el caso del petróleo en los países del Golfo. El petróleo extraído por las empresas norteamericanas y europeas es exportado con el proceso mínimo necesario para el embarque. El valor agregado se genera en Europa o Norteamérica, donde se lo convierte en combustibles mucho más sofisticados.

El caso argentino es similar. En los saladeros a orillas del Riachuelo se implementó el primer tratamiento de la carne. Al desarrollarse la refrigeración industrial, de los mataderos de Liniers salían los cortes ya congelados para embarcar. Con los productos agrícolas pasaba y sigue pasando prácticamente lo mismo. La cadena de valor llegaba hasta las estaciones de los ferrocarriles ingleses. Fue en los primeros gobiernos de Perón que se organizó una flota de transporte y se empezaron a construir los primeros barcos cargueros en un astillero nacional, alargando el tramo argentino de esa cadena. Las fábricas de material ferroviario de Córdoba también contribuyeron a estos esfuerzos de independencia económica. Pero esta, como decía Kipling, es otra historia, pero no del todo...


(1)  Límites de concentración en el agua de uso humano establecidos por Ley
Algunos límites de concentración de contaminantes para agua de consumo humano según ley argentina, Ley 24.051 de Enero 8 de 1992 y Decreto Nº 831 de 1993, expresados en  micro g (millonésimas de gramo) por litro de agua.                                                                  
 Sustancia
micro gramo/litro micro g/litro
Aldrin (Plaguicida)
       0,03
Aluminio (Total)
   200
Antimonio (Total)
     10
Arsénico (Total)
     50
Benceno
     10
Berilio (Total)
       0,039
Cadmio (Total)
       5
Cianuro (Total)
   100
Cinc (Total)
 5000
Clordano (Plaguicida)
       0,3
Cloroformo ( Anestésico)
     30
Cobre (Total)
 1000
Cromo (Total)
     50
DDT (plaguicida)
       1
1-4 diclorobenceno (Ahuyenta polillas)
       5
Dieldrin (plaguicida)
       0,03
Diclorofenol
       0,3
Fenol (Desinfectante)
       2
Glifosfatos
   280
Hierro (Total)
   300
Manganeso (Total)
   100
Mercurio (Total)
       1
Niquel (Total)
     25
Plaguicidas organoclorados
     10
Plaguicidas totales
   100
PCB (Bifenilo poli clorado). (Aislante eléctrico)
       0,0008
Pentaclorofenol (Funguicida industrial)
     10
Plata  (Total)
     50
Plomo (Total)
     50
Selenio (Total)
     10
2,4,5 T (Agente naranja, matayuyos)
   280
Talio (Total)
     18
Tetracloruro de carbono.(Solvente, agente ignifugo)
       3
Uranio  (Total)
    100